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Hot Land
HOT LAND
Hot Land est un projet photographique et conceptuel qui explore la crise climatique à travers une paradoxe visuelle : les graphiques du réchauffement climatique, conçus pour informer, séduisent par leurs couleurs et formes, tout en montrant la destruction accélérée de la planète.
Le projet questionne la distance entre voir et comprendre. Nous voyons le rouge avancer, les températures grimper, les écosystèmes s’effondrer… mais nous restons spectateurs. L’information circule, mais elle transforme rarement. Hot Land se présente comme un braille sans relief : une humanité incapable de lire les signes de la Terre.
La crise climatique n’est pas seulement naturelle : elle est politique, économique et culturelle. La souffrance que nous provoquons frappe tous les êtres vivants. Si chaque être — humain ou non humain — avait des droits reconnus, le monde ne serait-il pas plus complet ? Et nous, plus intégrés à la vie qui le soutient ?
Nous sommes nés de cette planète. Partie de son intelligence, de son histoire. Reconnaître cela n’est pas un acte de compassion : c’est une question de justice écologique. Nous ne sommes pas séparés de la vie. Nous en faisons partie
Hot Land es un proyecto fotográfico y conceptual que reflexiona sobre la crisis climática a partir de una paradoja visual contemporánea: las gráficas del calentamiento global, creadas para informar, resultan visualmente seductoras. Sus colores, gradientes y formas precisas atraen la mirada mientras describen un proceso de destrucción acelerada del planeta
El proyecto utiliza estas graficas para cuestionar la distancia entre ver y comprender. Observamos cómo el rojo avanza, cómo las temperaturas suben, cómo los ecosistemas colapsan, pero seguimos mirando sin actuar. La información circula, pero rara vez genera conciencia ni transformación.
La estadística resume, ordena y muestra, pero también puede anestesiar cuando no involucra el cuerpo ni la experiencia sensible. El proyecto se plantea simbólicamente como una escritura en braille sin relieve: una metáfora de una humanidad que ha perdido la capacidad de leer las señales de la Tierra. Incendios, sequías, inundaciones y tormentas no son excepciones, sino síntomas de un desequilibrio profundo.
Pero la crisis climática no es solo natural: es política, económica y cultural. El sufrimiento que provocamos no se limita a los humanos; golpea a todos los seres vivientes, en cada rincón del planeta. No existen leyes que reconozcan el derecho a la vida de un árbol, un río o un bosque. Si cada ser —humano o no humano— tuviera derechos plenos, ¿no sería el mundo más pleno y nosotros más integrados a la vida que lo sostiene?
Somos criaturas nacidas de este planeta, parte de su propia inteligencia y de su historia evolutiva. Reconocerlo no es un acto de compasión, sino de justicia ecológica: comprender que no estamos aparte del resto de la vida, sino intrínsecamente unidos a ella.
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